Perdón del Más Allá

y

Ebook
2.50
 €

Ficción / Drama
3ra Edición
(2012)
Formato:
 PDF

Esta historia se desarrolla en el Lago de los Milagros, un recinto espiritual en donde se sana de forma metafísica, y al cual, cada año acuden decenas de personas. En esta ocasión, Renato, el protagonista, acude con la esperanza de que su enfermedad desaparezca, ya que la medicina tradicional lo ha declarado sin cura. En su estadía, luchará porque los métodos que le enseñan surtan efecto. El camino no será fácil, pero será posible cuando comprenda que la fe y la mente no tienen límites.

Una historia de fe y esperanza que hará vibrar al lector.

Perdón del Más Allá nos introduce en un mundo que no es apto para los escépticos, ya que trata temas que no todos aceptan. 

Un libro evocador, Santiago René sabe tocar las fibras emocionales.

 

No quiero comprar todavía, prefiero leer las primeras páginas que están a continuación:

 

Perdón del Más Allá

Un hermoso día, llegué a un recinto espiritual llamado El Lago de los Milagros, en donde se sana por medio de la fe. Era de mañana y acudí a él para eliminar problemas y lograr deseos.
Observé grandes y frondosos árboles, flores de todos tamaños y colores, inmensos jardines, y el excepcional lago al pie de la montaña. Conforme más me adentraba al lugar, sentía una tranquilidad absoluta, una emoción inmensa y enormes ganas de comenzar nuevamente.
Percibí energía muy positiva en todo el recinto al igual que en su gente. Mi esperanza y deseos crecían por estar en el Lago de los Milagros para sanar, recinto en el que era necesario hospedarse, de esta manera la sanación sería más eficaz y rápida. Además no había ningún costo, a menos que uno quisiera aportar alguna cantidad, pues era auspiciado por una asociación de beneficencia.
Al llegar a la recepción, saludé a las personas que atendían. Me saludaron amablemente y me dieron la bienvenida. A los pocos minutos llegaron dos hombres,  me saludaron de igual manera y me ayudaron con el equipaje hasta mi habitación. (Después me enteré que todos los voluntarios que atendían, eran personas ya sanadas y miembros de la asociación).
Instalado en mi habitación, de tamaño mediano, muy bien decorada, de buen gusto y muy acogedora, me hinqué y dí gracias por la oportunidad tan maravillosa. Algo en mí cambiaba y una alegría muy singular brotaba a cada minuto.
Me dirigí a las ventanas y aprecié con mayor claridad el inigualable paisaje.
A los pocos minutos sonó el teléfono.
-Bueno -contesté de prisa.
-Sí, ¿joven Renato? -escuché la voz de una dama.
-Sí, él habla.
-Que tal, le llamo de la recepción para que acuda al auditorio por favor. El señor Isaac Palomo lo espera con los demás integrantes de nuevo ingreso.
-Muchas gracias, en seguida voy.
Al llegar, me percaté de que éramos doce personas de distintos sexos y edades con un mismo propósito: sanar. Esperábamos ansiosos, nerviosos y deseosos de empezar un nuevo camino, de iniciar una nueva vida, de mejorar y conocer espiritual, mental y físicamente nuestro Ser.
Llegó un hombre de edad madura, con gran carisma y energía radiante. Nos saludó con efusividad, mostrando una gran sonrisa.
-¡Bienvenidos al Lago de los milagros! Están en el lugar correcto para sanar. Les agradezco la confianza que nos han brindado para ayudarles, no se arrepentirán, se los prometo.
En ese momento me sentí más feliz de estar en el recinto espiritual, y la esperanza y confianza siguieron creciendo.
-Antes de entrar en detalle, quiero presentarme –subió al pódium-. Soy Isaac Palomo. Estuve aquí hace veinticinco años, y gracias a Dios fui sanado. Ahora soy el director general del recinto, y en mi podrán confiar siempre. Antes de que lo olvide, les pido que me llamen por mi nombre, entre más confianza haya, será mejor. Y ahora sí, vamos a comenzar.
El día de hoy, quiero invitar a cada uno de ustedes a superarse como seres humanos, en todos aspectos, y lograrán la sanación. Recuerden que todos tenemos por derecho divino vivir felices y saludables. Nacimos para disfrutar, no para sufrir, y cuando esto último nos ocurre, es porque no estamos dirigiendo nuestra vida correctamente, sino circunstancias externas que nos confunden, nos desvían y terminan provocándonos todo tipo de mal. Es como un barco de velas, cuando el capitán deja el timón, el viento lo lleva a donde quiera. Es por ello que debemos tomar las riendas de nuestra vida y construir el destino que deseemos. Tengan siempre en mente que el destino no los forma a ustedes, ustedes forman su destino. Así que les daré los puntos principales para lograr esta meta.
Uno, realmente querer, y creo que todos ya tienen dado este paso al estar aquí. Dos, creer en Dios. No importa en quien crean ni que religión practiquen, recuerden que todos los caminos buenos nos llevan a Dios. Tres, tener fe, mucha fe. Es un paso gigantesco que nos ayudará casi en un cincuenta por cierto para sanar. Y aquí quiero recalcar que la fe es creer que sucederá algo, antes de ser así. Cuatro, amarse, respetarse y aceptarse tal como son. Cinco, acudir diario al Lago de los Milagros, pues contiene agua curativa, y es ahí, en mayor parte, donde la sanación se hace realidad. Y seis, disfrutar la vida. Ver como extraordinario lo ordinario, como lo es nuestro cuerpo, nuestros cinco sentidos, nuestra mente y espíritu, así como también nuestro entorno, la naturaleza, nuestro prójimo, la vida, ¡la bendita vida! –exclamó con efusividad-. Y para lograr estos pasos con mayor eficacia, necesitamos una herramienta fundamental: la autosugestión. Esto funciona con la repetición constante de frases, hasta que se graban en nuestro subconsciente, como un hábito. Les explicaré más a fondo como funciona este método –extendió un cartel ilustrado-. Nuestra mente se divide en dos, la mente consciente, que es con la que pensamos, y la mente subconsciente, que no razona, sólo obedece y realiza los pensamientos conscientes. Por ejemplo, imaginemos que la mente consciente, que es con la que pensamos, todo el tiempo se dice: me duele la cabeza, el pecho y la garganta, seguro me enfermaré. Y la mente subconsciente, que sólo obedece y realiza, ordena que debe enfermarse. Es así como funciona  la autosugestión, sólo que nosotros la emplearemos positivamente-. Isaac tomó unas hojas de su portafolio y se dirigió a nosotros-. Todas las mañanas y todas las noches, repitan diez veces cada frase hasta que hayan sanado. Posteriormente les daremos otras frases para mantenerse sanos y llenos de dicha-. Isaac y algunos voluntarios repartieron una hoja a cada quien con las frases. Eran las siguientes:

“La salud me envuelve”

“Me amo, respeto y acepto como soy”

“El día de hoy, la fe crece en mí”

“Dios me ama y yo lo amo a él”

De todo corazón

Isaac Palomo.

 Al terminar de leer las frases, sentí un cosquilleo en mi vientre y alegría en mi corazón. Las frases eran realmente conmovedoras.

Isaac terminó de repartir las hojas, subió nuevamente al podium y tomó la palabra.
-Cuando empiecen a repetir las frases, las sentirán falsas y tal vez se sientan ridículos. Pero esto es normal, nos pasa a todos y ustedes irán teniendo mayor credibilidad conforme pase el tiempo, ya que las frases quedarán grabadas en su mente subconsciente. Y otra cosa muy importante, al principio, notarán muchos pensamientos negativos y es normal. Cuando esto suceda repitan:

“Elimino la negatividad

y confirmo que todo está bien en mi vida”

Con esta frase agilizarán las depuraciones, que en su momento y en su sesión particular, les hablaré del tema.
De todo corazón, les deseo lo mejor a cada uno de ustedes -Isaac nos miró con mucha ternura-. Sigan estos puntos al igual que la autosugestión; y no sólo ustedes le sonreirán a la vida, la vida les sonreirá a ustedes.
Isaac Palomo terminó su discurso, todos nos pusimos de pie para aplaudir mientras llorábamos de emoción. La esperanza y alegría nos invadía. Una vez más agradecí a Dios por la oportunidad, y muy a mis adentros, dije: Señor, por favor ayúdame, ya no quiero estar enfermo. Me limpié las lágrimas, tomé mi hoja con las frases y salimos juntos del auditorio, como una verdadera familia. Se sentía la gran unión creada en tan poco tiempo y con tanta fuerza. Los milagros comenzaban.

Nos dirigimos al consultorio de Isaac. Pasamos uno por uno y al llegar mi turno, expliqué porque acudí al Lago de los Milagros.
-En mi adolescencia fui un chico rebelde, irresponsable, todo se me hacía fácil. Engañaba a los demás, desobedecía a mi madre, faltaba a la escuela cuantas veces me era posible, me metía con cuantas mujeres podía y llegaba de madrugada a mi casa; muchas veces en estado de ebriedad. Estaba muy desorientado, sin encontrar el camino correcto y rechazando lo bello de la vida. Viví circunstancias peligrosas y difíciles, las cuales atormentan tanto a los adolescentes. Estaba realmente perdido.
Un día de esos, fui a una fiesta donde encontré a personas con problemas más fuertes que los míos. Algunos chicos eran delincuentes, otros vendían droga, y algunas chicas se prostituían. El ambiente era muy denso a pesar de que lo veíamos muy divertido. Comenzamos a tomar sin moderación, la droga pasaba de uno a otro hasta que llegó a mí. Era lo máximo en ese momento, me sentía el dueño del planeta.
Después de media hora, me acerqué a una chica que me gustó. Platicamos cerca de cuarenta minutos y me dí cuenta que teníamos casi los mismos problemas. Durante ese momento, poco a poco me acerqué a ella, le tomé la mano, jugueteamos, le susurré al oído y le tomé la cintura hasta besarnos. Con toda la pasión y con todo tipo de sustancias ingeridas, nos dejamos llevar por los impulsos, saliendo de la fiesta hacia un hotel. Después de esa noche no me comuniqué con ella, la verdad no me importaba, sólo había querido divertirme.
Un mes después, estando en mi casa, sonó el teléfono. Tardé un poco en contestar.
-Bueno.
-Hola Renato, ¿cómo estás? -era ella.
-Hola -respondí algo extrañado y no muy convencido.
-Sólo te llamo para decirte que estoy embarazada -me dijo tajantemente.
-¿Y cómo sabes que estás embarazada? Tal vez es un retraso de tu periodo -dije esperanzado.
-No Renato,  no es ningún retraso. Me hice una  prueba ayer deseando que así fuera, pero el análisis salió positivo.
Me quedé helado y confundido. No quise seguir con la plática, así que la cité en una cafetería al día siguiente.
Eran las once de la mañana cuando llegué al lugar de reunión. Nos saludamos con indiferencia y comenzamos a dialogar. Después de unos minutos el ambiente comenzó a alborotarse.
-Por favor, entiende que fue un error. Estábamos tomados y nos dejamos llevar por las circunstancias -dije algo exaltado.
-Eso lo entiendo Renato, pero lo hecho, hecho está.
-Está bien, pero cómo voy a saber si ese hijo es realmente mío -subí la voz.
-¿Cómo te atreves a decir eso? -golpeó la mesa-. Con el único que he tenido sexo es contigo.
-De acuerdo, discúlpame si te ofendí -baje la voz-. ¿Pero qué vamos a hacer? -pregunté desesperado.
-Mira Renato, no me importa qué error cometimos, ni qué pienses sobre quien es el padre del bebé. Sólo quiero saber si puedes ayudarme con la mitad para abortar.
Me quedé callado y confundido durante segundos. No estaba totalmente de acuerdo, pero sin encontrar otra solución, acepté.
Al día siguiente acudimos a una clínica clandestina que ella conocía, y después de ese día no la volví a ver.
Con el paso del tiempo y ya con madurez, el sentimiento de culpa fue creciendo hasta el punto de no perdonarme por tal aberración –derramé algunas lágrimas y me llevé las manos a la cara como si tratara de esconder mi pena. Me tranquilicé y continué-. Y comenzó a existir en mí mucha negatividad, como el rencor, el odio, la baja autoestima y la inseguridad, que hasta la fecha no he eliminado. Y hace unos meses -dije tristemente-, me detectaron cáncer. Acudí con varios médicos y todos coincidieron en que sería muy difícil eliminarlo. Y precisamente hace cuatro días me informaron que el tumor había crecido demasiado y no había probabilidad alguna de sanar. No entendí el motivo, y en ese momento pensé que era mi merecido. Desesperado busqué una solución, en mí había una luz de esperanza… hasta que llegó.
Ayer me encontraba en el centro de diagnóstico, y observé a una señora muy contenta que abrazó a otra con mucha emoción. Brincaba, sonreía como a pocas personas he visto, y dio gracias al cielo con lágrimas de felicidad. Recibió la noticia de que su enfermedad había desaparecido y gritó: <¡El Lago de los Milagros sí funciona!>. De inmediato me levanté para preguntarle sobre ese lugar, y sin pensarlo, hoy por la mañana me dirigí hacia acá.
-Renato -Isaac me expresó-, todo lo que me has contado fue muy grave, pero ten en cuenta que eres humano; y te equivocaste como todos. Además estás reconociendo tus problemas, y lo único que falta es tomar acción. Te voy a contar algo que te ayudará y motivará para seguir adelante, un ejemplo real que soy yo. Esta es una parte de mi vida… (Fin de las primeras páginas).

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Lp

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